Una emergencia puede comenzar en cuestión de segundos. Sus consecuencias, sin embargo, pueden extenderse durante días, meses o incluso años. Mientras las personas intentan comprender lo ocurrido, las organizaciones deben protegerlas, coordinar decisiones y comunicar información que todavía puede ser incompleta.
En ese contexto, el silencio prolongado, los mensajes contradictorios y la improvisación pueden crear una segunda emergencia: una crisis de información marcada por rumores, incertidumbre y decisiones que aumentan la exposición al riesgo.
Respuesta rápida: una organización debe prepararse antes de la emergencia, priorizar la protección de las personas, coordinarse con las autoridades, confirmar la información antes de difundirla, comunicar instrucciones claras, acompañar a los afectados, gestionar la recuperación y convertir la experiencia en aprendizaje.
Este proceso puede organizarse en ocho etapas: preparar, proteger, coordinar, confirmar, comunicar, acompañar, recuperar y aprender. No sustituye los protocolos técnicos ni las instrucciones de las autoridades, pero ofrece una estructura para integrar comunicación, protección y continuidad operativa.
¿Qué es la comunicación en crisis?
La comunicación en crisis es el proceso mediante el cual una organización recopila, verifica y comparte información antes, durante y después de una situación que puede afectar a sus personas, operaciones, servicios o comunidades.
Su propósito no es proteger una apariencia ni controlar toda la conversación pública. Su función principal es reducir la incertidumbre, orientar decisiones y facilitar la coordinación entre quienes necesitan actuar.
Una emergencia puede estar provocada por un terremoto, incendio, inundación, deslizamiento, erupción, accidente, interrupción tecnológica, incidente de seguridad o cualquier acontecimiento que exija una respuesta extraordinaria.
La comunicación debe integrarse al sistema de respuesta. No puede funcionar como una actividad separada que comienza cuando alguien decide publicar un comunicado.
Comunicar bien durante una crisis no es solamente una cuestión de reputación. Es una responsabilidad hacia las personas que necesitan información para tomar decisiones.
Cuando una emergencia también se convierte en una crisis informativa
El 10 de agosto de 2026, un sismo de magnitud 7,4 y profundidad de 103 kilómetros tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó. El evento fue sentido en diferentes regiones de Colombia y también generó reportes en países vecinos.
Este tipo de acontecimiento recuerda que las personas no solo necesitan conocer la magnitud de un sismo o la ubicación de su epicentro. También necesitan respuestas prácticas:
- ¿Qué debo hacer ahora?
- ¿Debo evacuar o permanecer en un lugar seguro?
- ¿Dónde está el punto de encuentro?
- ¿Puedo regresar al edificio?
- ¿La organización continuará operando?
- ¿Cuándo recibiré nuevas instrucciones?
- ¿Qué canal debo consultar?
Si una organización no responde estas preguntas mediante canales reconocibles, el vacío informativo será ocupado por suposiciones, conversaciones informales, audios anónimos y versiones que pueden no estar confirmadas.
Por eso una crisis informativa no comienza únicamente cuando alguien difunde una mentira. También puede comenzar cuando nadie explica qué se sabe, qué está siendo verificado y cuándo se ofrecerá una nueva actualización.
1. Preparar: la emergencia comienza antes del evento
Desde la perspectiva organizacional, la respuesta no debería empezar cuando ocurre el desastre. Para entonces, las responsabilidades principales ya deberían estar definidas.
Una organización preparada debe establecer previamente:
- Quién lidera la respuesta.
- Quién verifica la información.
- Quién autoriza los mensajes.
- Quién actúa como vocero.
- Quién coordina con las autoridades.
- Quién verifica la situación de los colaboradores.
- Quién evalúa las instalaciones.
- Quién decide si las actividades continúan, se modifican o se suspenden.
- Qué canales se utilizarán si los sistemas habituales dejan de funcionar.
Un protocolo guardado no es suficiente
Muchas organizaciones tienen un documento de emergencia. Puede haber sido elaborado correctamente y contener rutas, números de contacto y procedimientos. Sin embargo, su existencia no demuestra que las personas sepan utilizarlo.
Un protocolo necesita convertirse en una práctica conocida. Esto requiere capacitación, simulacros, revisión de funciones y actualización de los datos de contacto.
Un protocolo guardado en una carpeta es un documento. Un protocolo que las personas conocen y practican es una herramienta de protección.
Las recomendaciones oficiales para entornos laborales incluyen definir las acciones de emergencia, las rutas de evacuación, las responsabilidades del personal y la capacitación necesaria para realizar una salida segura y ordenada.
2. Proteger: las personas deben ser la primera prioridad
Cuando ocurre una emergencia, la primera pregunta no debería ser cómo mantener la operación. La primera pregunta debe ser cómo proteger a las personas.
Equipos, oficinas, sistemas y datos pueden repararse o recuperarse. Una vida no. Aunque esta prioridad parece evidente, puede entrar en conflicto con la presión por mantener servicios, atender clientes o evitar pérdidas económicas.
La continuidad operativa solo debe considerarse después de evaluar la seguridad de colaboradores, clientes, proveedores y demás personas expuestas.
El miedo modifica el comportamiento
Durante una emergencia, una persona puede correr, regresar por sus pertenencias, intentar comunicarse desesperadamente con su familia, quedarse paralizada o abandonar una ruta segura.
No es razonable esperar que todos reaccionen de manera ideal si nunca recibieron capacitación. La preparación debe contemplar que el estrés puede reducir la capacidad para procesar instrucciones complejas.
Por eso los mensajes de emergencia deben ser breves, directos y accionables. Deben explicar qué ocurre, qué debe hacer la persona y dónde encontrará la siguiente actualización.
3. Cada colaborador forma parte del protocolo
Una organización preparada no solo dispone de un plan. También cuenta con personas que conocen su papel dentro de ese plan.
Según la naturaleza de la operación, cada colaborador debería saber:
- Dónde están las rutas de evacuación.
- Cuáles son los puntos de encuentro.
- Quiénes integran las brigadas.
- Cuáles son los canales oficiales.
- Cómo informar que está a salvo.
- Cómo solicitar ayuda.
- Qué hacer si fallan las comunicaciones.
- Qué comportamiento se espera durante el evento.
- Cuándo puede retirarse o regresar.
El protocolo también debe explicar qué sucede después de la evacuación. Salir del edificio no resuelve automáticamente la situación laboral ni las necesidades de información.
Los colaboradores necesitarán saber si deben permanecer en el punto de encuentro, si pueden regresar a casa, si la jornada fue suspendida, si se activará trabajo remoto o cuándo se emitirá una nueva instrucción.
Estas decisiones no deberían depender de rumores ni de un mensaje aislado dentro de un grupo informal.
4. Coordinar: ¿la organización continúa, modifica o suspende sus actividades?
No todas las emergencias requieren suspender por completo una operación. Tampoco todas permiten continuar normalmente. La decisión debe responder a información técnica, instrucciones oficiales y criterios establecidos previamente.
Una organización puede trabajar con tres niveles generales de respuesta:
Nivel 1: continuidad
Las instalaciones son seguras, los servicios esenciales funcionan, no existen restricciones oficiales y pueden garantizarse condiciones adecuadas para las personas.
La operación puede continuar, pero debe mantenerse el monitoreo. Continuar no significa ignorar la emergencia ni asumir que la situación no cambiará.
Nivel 2: operación modificada
Existen daños parciales, dificultades de acceso, interrupciones, restricciones temporales o incertidumbre suficiente para modificar la forma de trabajar.
Las medidas pueden incluir:
- Reducir actividades.
- Reubicar equipos.
- Modificar horarios.
- Suspender áreas específicas.
- Trabajar por turnos.
- Activar trabajo remoto.
- Establecer una pausa temporal.
La pregunta no es solamente si la empresa puede seguir trabajando, sino cuál es la forma más segura de mantener las funciones necesarias.
Nivel 3: suspensión
Existen daños estructurales, incendios, fugas, riesgos secundarios, condiciones inseguras de acceso o instrucciones oficiales que obligan a evacuar o restringir la zona.
Las actividades afectadas deben suspenderse. El compromiso laboral no puede confundirse con la exposición innecesaria al peligro.
Importante: estos niveles son un marco general de decisión. Cada organización debe adaptarlos a sus riesgos, regulaciones, instalaciones y protocolos técnicos.
5. El trabajo remoto puede apoyar la continuidad
El trabajo remoto puede ser una herramienta de continuidad, pero no debe improvisarse después del evento. La organización necesita definir previamente quién puede trabajar a distancia, qué equipos y sistemas utilizará, cómo accederá a la información y quién autorizará la activación.
También debe considerar a quienes no pueden desempeñar sus funciones de forma remota. Un hospital, una fábrica, un restaurante, una planta de producción y un centro logístico enfrentan condiciones operativas diferentes.
La pregunta central es si el trabajo remoto se utiliza para proteger a las personas o únicamente para evitar una interrupción. La continuidad no debe trasladar el riesgo desde el lugar de trabajo hasta los hogares de los colaboradores.
6. Confirmar: cómo comunicar cuando todavía faltan respuestas
Los primeros minutos suelen concentrar la mayor incertidumbre. Aparecen fotografías, videos, audios, capturas, cifras preliminares y versiones que todavía no pueden confirmarse.
En ese momento, algunas organizaciones hablan demasiado pronto y otras guardan silencio durante demasiado tiempo.
La comunicación responsable no exige conocer todas las respuestas. Exige distinguir entre:
- Información confirmada.
- Información que está siendo verificada.
- Información que no puede confirmarse.
- Instrucciones emitidas por autoridades competentes.
- Decisiones que corresponden al ámbito de la organización.
Una organización puede comunicar con rigor mediante expresiones como:
- “Estamos verificando esta información”.
- “Por el momento no contamos con datos suficientes para confirmar esa versión”.
- “La situación continúa siendo evaluada”.
- “Publicaremos la próxima actualización a través de nuestros canales oficiales”.
Reconocer lo que todavía no se sabe no es una muestra de debilidad. Es una forma de proteger la credibilidad y evitar que una hipótesis se convierta en una afirmación oficial.
7. Comunicar: diferentes audiencias necesitan diferentes respuestas
Una organización no tiene una sola audiencia durante una emergencia. Puede necesitar comunicarse con colaboradores, familiares, clientes, proveedores, autoridades, medios, comunidades y socios.
Cada grupo formula preguntas diferentes:
- Colaboradores: ¿estoy seguro y qué debo hacer?
- Familiares: ¿cómo puedo confirmar que mi familiar está bien?
- Clientes: ¿la organización continúa operativa?
- Proveedores: ¿cómo se modificará la operación?
- Autoridades: ¿qué información debe coordinarse?
- Medios: ¿qué información oficial puede difundirse?
- Comunidad: ¿existe algún riesgo o instrucción relevante?
Emitir el mismo mensaje para todos puede dejar preguntas esenciales sin responder. La información debe adaptarse sin generar contradicciones entre canales.
El vocero no es el protagonista
La función del vocero no es demostrar que posee todas las respuestas ni aprovechar la atención mediática. Su función es ayudar a reducir la incertidumbre.
Un vocero debe comunicar con claridad, precisión, empatía, oportunidad y honestidad sobre aquello que todavía no conoce.
Durante mi etapa como periodista cubrí las secuelas del terremoto de Chile de 2010; informé desde Ecuador sobre las alertas de tsunami para Galápagos después del terremoto de Japón de 2011; y participé en la cobertura del terremoto de Ecuador de 2016.
Esas experiencias reforzaron una conclusión: el comunicador no puede controlar el desastre ni eliminar el miedo, pero sí puede decidir si contribuye a reducir la incertidumbre o a aumentarla.
8. Rumores, contenido antiguo e información fuera de contexto
Una emergencia moderna también ocurre en los teléfonos. Un video antiguo puede presentarse como actual. Una imagen de otro país puede atribuirse al lugar afectado. Una cifra preliminar puede difundirse como definitiva y un audio anónimo puede convertirse en una supuesta alerta.
El problema no es únicamente la información falsa. La información verdadera también puede engañar cuando se presenta fuera de contexto.
- Una cifra correcta puede pertenecer a otro momento.
- Una imagen real puede corresponder a otro acontecimiento.
- Una declaración puede circular sin la explicación que limitaba su alcance.
- Una hipótesis técnica puede transformarse en una predicción absoluta.
Una organización responsable debe verificar antes de compartir y corregir rápidamente la información falsa que pueda afectar la seguridad de sus personas o su operación.
También debe evitar repetir rumores innecesariamente. Desmentir una versión exige aportar información confirmada, indicar la fuente oficial y explicar qué debe hacer la audiencia.
9. Coordinar con autoridades antes de comunicar
Una empresa no es un organismo de respuesta y no debería presentarse como tal. Debe coordinarse con las autoridades competentes y comunicar aquello que corresponde a su ámbito.
Esto significa:
- Verificar.
- Coordinar.
- Comunicar.
- No especular.
- No contradecir instrucciones oficiales por protagonismo.
- No utilizar la emergencia como una oportunidad promocional.
Las condiciones también pueden cambiar rápidamente. Una ruta puede cerrarse, una zona puede ser evacuada y un edificio puede requerir una nueva evaluación. El protocolo debe permitir actualizar las decisiones cuando aparezca nueva información.
10. Acompañar: la emergencia no termina cuando desaparece de las noticias
El ciclo de noticias puede abandonar una emergencia mientras las personas afectadas continúan enfrentando sus consecuencias. Para ellas, la recuperación puede durar semanas, meses o años.
La comunicación posterior debe:
- Informar sobre el proceso de recuperación.
- Acompañar a los colaboradores afectados.
- Explicar los cambios operativos.
- Indicar cuándo y bajo qué condiciones se reanudan actividades.
- Actualizar a clientes y proveedores.
- Dar seguimiento a los compromisos asumidos.
Dejar de comunicar demasiado pronto puede transmitir indiferencia o hacer que reaparezcan rumores sobre la situación de la organización.
11. Recuperar: restablecer operaciones sin ocultar el proceso
La recuperación no equivale a regresar inmediatamente a la normalidad. Puede requerir reparaciones, reubicaciones, cambios de horario, apoyo emocional, ajustes tecnológicos o nuevas condiciones de seguridad.
La comunicación debe explicar qué servicios fueron restablecidos, cuáles siguen limitados y qué condiciones deben cumplirse antes de reanudar completamente las actividades.
También debe evitar declarar que la crisis terminó únicamente porque la organización ha recuperado parte de su capacidad operativa. El impacto sobre las personas puede continuar.
12. Aprender: revisar el protocolo después de la emergencia
Una vez controlada la situación inmediata, la organización necesita evaluar su respuesta. El objetivo no es buscar culpables, sino identificar decisiones, procesos y canales que deben mejorar.
La revisión puede incluir estas preguntas:
- ¿Qué funcionó y qué falló?
- ¿Las responsabilidades estaban claras?
- ¿Cuánto tardó la primera comunicación?
- ¿Las personas conocían el protocolo?
- ¿Funcionaron los canales oficiales?
- ¿Aparecieron rumores o mensajes contradictorios?
- ¿Fue posible localizar a los colaboradores?
- ¿Se pudo confirmar quiénes estaban a salvo?
- ¿Las instalaciones fueron evaluadas correctamente?
- ¿Fue adecuada la decisión de continuar, modificar o suspender actividades?
- ¿Funcionó la modalidad remota?
- ¿Dónde estuvo el principal cuello de botella?
Las respuestas deben traducirse en cambios concretos: actualizar el protocolo, modificar los canales, corregir directorios, capacitar nuevamente y realizar futuros simulacros.
Una emergencia que no produce aprendizaje puede repetirse con los mismos errores.
El ciclo de comunicación para escenarios críticos
La gestión de una emergencia puede organizarse mediante un ciclo de ocho etapas conectadas:
PREPARAR
↓
PROTEGER
↓
COORDINAR
↓
CONFIRMAR
↓
COMUNICAR
↓
ACOMPAÑAR
↓
RECUPERAR
↓
APRENDER
El ciclo no siempre es completamente lineal. Una nueva información puede obligar a regresar a la coordinación, modificar una instrucción o activar nuevamente medidas de protección.
Su utilidad consiste en recordar que la comunicación no empieza con el comunicado y no termina cuando disminuye la atención pública.
Lista de comprobación para organizaciones
- Existe un plan de emergencia actualizado.
- Las responsabilidades están asignadas.
- Los colaboradores conocen las rutas y puntos de encuentro.
- Se realizan capacitaciones y simulacros.
- Los canales oficiales están definidos.
- Existe un sistema para verificar el estado de los colaboradores.
- Hay mecanismos alternativos si fallan las comunicaciones.
- El vocero y el proceso de aprobación están definidos.
- Se distingue entre información confirmada, pendiente y no verificable.
- Existen criterios para continuar, modificar o suspender actividades.
- El trabajo remoto forma parte del plan cuando resulta aplicable.
- La organización sabe con qué autoridades debe coordinarse.
- Los mensajes se adaptan a cada audiencia.
- Existe un proceso para monitorear y corregir rumores.
- La comunicación continúa durante la recuperación.
- El protocolo se revisa después de cada incidente o simulacro.
Preguntas frecuentes sobre comunicación en crisis
¿Qué debe comunicar primero una organización durante una emergencia?
Debe comunicar instrucciones relacionadas con la protección de las personas: qué ocurre según la información confirmada, qué deben hacer, qué deben evitar y dónde recibirán la siguiente actualización.
¿Qué debe decir una organización si todavía no tiene toda la información?
Debe diferenciar lo confirmado de lo que continúa en verificación. Puede reconocer que todavía no dispone de datos suficientes e indicar cuándo y por qué canal ofrecerá una nueva actualización.
¿Quién debe actuar como vocero?
Debe ser una persona previamente designada, capacitada y conectada con el equipo que toma decisiones. No siempre tiene que ser la máxima autoridad, pero sí debe contar con información confirmada y autorización para comunicarla.
¿La organización debe responder todos los rumores?
No necesariamente. Debe priorizar aquellos que puedan afectar la seguridad, provocar decisiones perjudiciales o interferir con la respuesta. La corrección debe aportar información confirmada y dirigir a los canales oficiales.
¿Cuándo puede reanudarse una operación después de una emergencia?
Cuando las condiciones hayan sido evaluadas, las autoridades no mantengan restricciones aplicables y la organización pueda garantizar condiciones adecuadas. La decisión debe basarse en criterios técnicos, no únicamente en la presión por recuperar productividad.
¿Un plan de comunicación reemplaza un plan de emergencia?
No. La comunicación debe formar parte de un sistema integral de seguridad, respuesta y continuidad. Las instrucciones técnicas corresponden a los profesionales y autoridades competentes.
¿Qué debe hacerse después de la emergencia?
La organización debe continuar informando durante la recuperación, acompañar a las personas afectadas, revisar su respuesta y actualizar el protocolo con las lecciones aprendidas.
Conclusión: la preparación empieza mucho antes
Una organización preparada no espera que sus colaboradores sepan qué hacer. Les enseña antes. No espera que sus líderes improvisen. Define responsabilidades antes. No espera que aparezca el rumor. Establece canales oficiales antes.
Tampoco espera que ocurra el desastre para decidir cómo protegerá a las personas, bajo qué criterios modificará su operación y cómo comunicará lo que todavía desconoce.
La comunicación no puede evitar un terremoto, una inundación, un incendio o una interrupción crítica. Pero sí puede impedir que la emergencia se transforme también en una crisis de información.
Cuando la información es clara, oportuna, coordinada y responsable, las personas cuentan con mejores condiciones para tomar decisiones en el momento en que más lo necesitan.
La emergencia puede comenzar en segundos. La preparación debe empezar mucho antes.
Fuentes consultadas
- Servicio Geológico Colombiano: información oficial sobre el sismo de San José del Palmar.
- Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres: respuesta institucional ante el sismo.
- OSHA: planes de acción y procedimientos de evacuación.
- OSHA: desarrollo e implementación de un plan de emergencia.
- CDC: Crisis and Emergency Risk Communication.
